La voz del Párroco

Mensajes del Sr. Cura Antonio Olivos Sepúlveda, párroco y Rector del Señor de la Misericordia de Ocotlán.

14 Abril 2019.  Iniciamos la gran semana de los cristianos, en la que somos invitados a contemplar y celebrar los misterios centrales de nuestra Fe. El tema dominante es el amor, un amor que se ofrece y se acoge, que se dona y se sacrifica, que sabe esperar y exaltar. 

 

Es tiempo de contemplar el Misterio y dejarse envolver por él, el Misterio de aquella Cruz que durante siglos y en nuestros tiempos con mayor vehemencia ha sido blanco único y cultural de quienes quieren imponer otra religión o visión de la existencia, destruyendo o eliminando un símbolo de convivencia, de respeto, de verdadera libertad.

 

Vivamos entonces los ritos sagrados de la Semana Santa y dejémonos provocar. Hacemos una advertencia que el clamor, la emoción, la ritualidad, el folclore, la exterioridad que a veces sobrepasan el rito y su significado profundo, no ahoguen la explosión de vida de la Pascua. 

 

Nuestras procesiones y todas las expresiones de piedad popular propias de estos días, no son el fin que se pretende, que no se agote ahí la expresión de fe, que no puede concluir al finalizar la última procesión.

 

La Semana Santa es la única semana del año capaz de imponerse a los ritmos profanos del vivir cotidiano.

 

Nunca como estos días santos advertimos la necesidad imprescindible de concedernos un tiempo de silencio y de meditación personal. 

 

Su hermano en Cristo

Sr. Cura Antonio Olivos

31 Marzo 2019. La parábola del “hijo prodigo” es la más cautivadora de las parábolas de Jesús y por la presencia amorosa del Padre, le vendría mejor el nombre de la parábola del “padre bueno”.

 

Jesús tenía el propósito de mostrar a los judíos de su tiempo que Dios no era un Dios lejano, indiferente y con el oficio de juez, Jesús quiere que lo sintieran como Padre, más aún como Padre bueno y misericordioso, de la misma manera que Jesús lo experimentaba, como un Padre increíblemente bueno.

 

Dios es un Padre que no piensa en su propia herencia y aunque no le guste, respeta las decisiones de los hijos, no se ofende cuando de ellos lo da por “muerto” y le pide la parte de la herencia que le toca. El hijo se marcha persiguiendo la ingenuidad de los placeres del mundo y el padre se queda con el corazón adolorido y con ese mismo amor lo va a estar esperado, no lo olvida, aquel hijo que se va, siempre podrá volver a su casa sin temor alguno: Cuando un día el padre lo ve regresar hambriento y humillado, el padre se conmueve profundamente, siente que se le agitan las entrañas, pierde el control de sí mismo y corre al encuentro de su hijo.

 

Se olvida de su dignidad de “señor” de la familia y lo alaba y lo besa efusivamente como una madre, interrumpe la confesión del hijo, para ahorrarle más humillaciones, que ya ha sufrido muchas.

 

Así es Dios nuestro Padre, que siempre nos recibe sin reprochar y con los brazos abiertos y el corazón por delante. 

 

Su hermano en Cristo

Sr. Cura Antonio Olivos